¿Cómo sabemos que la evolución ha ocurrido? No por una sola observación, sino por muchas pruebas independientes que apuntan en la misma dirección. Veamos las principales.
1. Pruebas paleontológicas (los fósiles)
El registro fósil muestra formas de vida del pasado, distintas de las actuales, y permite ver cambios graduales. Hay formas de transición (intermedias) como Archaeopteryx, con rasgos de reptil y de ave, o las series evolutivas (como la del caballo).
2. Pruebas anatómicas
Órganos homólogos: el brazo, el ala y la aleta tienen los MISMOS huesos (aunque con forma distinta). Apuntan a un antepasado común.
| Homólogos | Análogos | |
|---|---|---|
| Estructura/origen | Igual origen embrionario | Distinto origen |
| Función | Puede ser distinta | La misma |
| Indican | Antepasado común (evolución divergente) | Adaptación parecida (evolución convergente) |
| Ejemplo | Brazo, ala de ave, aleta de ballena | Ala de ave y ala de insecto |
Y los órganos vestigiales: restos sin función aparente, herencia de antepasados. Ejemplos: el apéndice, las muelas del juicio o los huesos de la pelvis en las ballenas.
3. Pruebas embriológicas
Los embriones de vertebrados muy distintos (pez, tortuga, gallina, humano) se parecen mucho en las fases tempranas (cola, arcos branquiales...). Ese parecido inicial revela un origen común.
4. Pruebas moleculares (las más potentes)
Todos los seres vivos comparten el mismo ADN y el mismo código genético universal. Comparando el ADN o las proteínas de dos especies: cuanto más se parecen, más cercano es su parentesco. Es la prueba más precisa para construir el árbol de la vida.